Matías Rojas y las fronteras que el cine se atreve a mirar

El director chileno Matías Rojas ha convertido el desplazamiento, la pertenencia y la memoria familiar en materiales centrales de su cine. Sus películas no presentan la migración como una cifra ni como un telón de fondo dramático, sino como una experiencia íntima que modifica la manera de hablar, amar, trabajar y recordar.

En su obra más reciente, todavía en etapa de circulación por festivales, una familia latinoamericana intenta reconstruir su vida entre Santiago, Buenos Aires y Montreal. La historia evita los discursos previsibles sobre integración y éxito para detenerse en los silencios, las contradicciones y los pequeños gestos que acompañan a quienes viven entre varios territorios.

En esta conversación exclusiva, Rojas habla sobre cine latinoamericano, identidad diaspórica y representación. También explica por qué decidió apartarse de la mirada compasiva que suele dominar las narrativas migratorias y cómo trabaja con actores no profesionales para construir personajes que no encajen en una sola definición de hogar.

Filmar El Desplazamiento Desde La Intimidad

Rojas creció en una familia marcada por viajes y retornos. Su madre salió de Chile durante los años ochenta y regresó una década después; varios de sus tíos se establecieron en Europa. Esa historia personal aparece en su filmografía, aunque el director evita convertirla en una confesión directa.

“Mi familia me enseñó que migrar no es una escena de aeropuerto”, explica. “Es una conversación que queda a medias, una receta que cambia porque no se consiguen los ingredientes, una llamada telefónica donde alguien traduce lo que realmente siente. Esas son las imágenes que me interesan”.

Su método parte de situaciones concretas. Antes de escribir el guion, Rojas conversa con trabajadores temporales, estudiantes extranjeros, madres que crían lejos de sus redes y jóvenes que regresaron a países que ya no sienten completamente propios. No busca reproducir sus biografías, sino comprender los mecanismos emocionales que atraviesan distintas historias de movilidad humana.

Una Mirada Lejos Del Victimismo

En el cine comercial, las personas migrantes suelen aparecer asociadas al sacrificio, la precariedad o la violencia. Rojas reconoce que esas experiencias existen, pero considera insuficiente construir personajes definidos únicamente por lo que han perdido. “La vulnerabilidad no puede ser su única personalidad”, afirma. “También tienen humor, deseo, ambición, malicia, aburrimiento y capacidad de decidir”.

Su próximo largometraje sigue a Elisa, una diseñadora de vestuario que vive en Toronto y vuelve a Valparaíso para vender la casa de su abuela. El viaje no está motivado por una nostalgia pura. Elisa quiere cerrar una deuda, recuperar unos documentos y discutir con su hermano sobre una herencia. La migración aparece en esas tensiones prácticas, lejos de cualquier postal sentimental.

El director sostiene que desafiar las narrativas migratorias significa cambiar el centro del relato. “No quiero que el personaje extranjero exista para que el espectador local aprenda una lección. Quiero que tenga objetivos propios, incluso cuando esos objetivos sean incómodos o moralmente ambiguos”.

El Idioma Como Territorio

Uno de los elementos más reconocibles del trabajo de Rojas es el uso del lenguaje. En sus películas conviven el español chileno, el rioplatense, el francés y expresiones aprendidas en comunidades digitales. La mezcla no se presenta como un problema que deba corregirse, sino como una huella de los trayectos recorridos.

Para el realizador, el acento funciona como una forma de memoria. “Una persona puede cambiar de país, pero su oído conserva ritmos, pausas y formas de nombrar las cosas. A veces el personaje no dice que extraña su lugar de origen; lo dice cuando escoge una palabra que nadie a su alrededor usa”.

Ese interés también modifica la puesta en escena. Rojas deja espacios de silencio, conversaciones incompletas y momentos de traducción sin subtítulos inmediatos. El público debe experimentar cierta desorientación, aunque nunca al punto de perder el hilo emocional. La incomodidad lingüística se convierte así en una herramienta narrativa y política.

Imágenes Que Cruzan Fronteras

La geografía ocupa un lugar decisivo en su cine. Rojas filma terminales de buses, puertos, supermercados de barrio y edificios compartidos, pero también observa paisajes naturales como espacios de tránsito y transformación. En una de sus investigaciones visuales, comparó la experiencia de atravesar fronteras con la fragilidad de los ecosistemas protegidos, incluyendo referencias a un patrimonio natural único.

El director aclara que no pretende convertir la naturaleza en una metáfora decorativa. Le interesa mostrar cómo las personas desplazadas establecen vínculos con lugares que no les pertenecían al llegar y que, con el tiempo, comienzan a formar parte de su memoria. “La pertenencia puede ser una práctica, no una propiedad”, dice.

Elemento narrativo Tratamiento habitual Propuesta de Matías Rojas
Personaje migrante Símbolo de sacrificio Persona con deseos y contradicciones
Idioma Obstáculo o recurso cómico Registro de memoria e identidad
Regreso al país de origen Reconciliación definitiva Encuentro ambiguo con un lugar cambiado
Familia transnacional Fondo sentimental Red de acuerdos, conflictos y cuidados
Paisaje Postal de pertenencia Espacio que también transforma al personaje

Esta perspectiva conecta su trabajo con una generación de cineastas latinoamericanos que discute la idea de una identidad fija. Para Rojas, ser chileno en otro país no implica representar a Chile todo el tiempo, del mismo modo que vivir fuera no borra la historia personal ni obliga a idealizarla.

Actores Que Traen Su Propia Historia

Rojas suele combinar intérpretes profesionales con personas que nunca habían participado en una película. La decisión responde a una búsqueda de textura y escucha, pero también a una responsabilidad. “No me interesa extraer testimonios para hacer una obra bonita. Si invito a alguien que comparte una experiencia con el personaje, tengo que respetar sus límites y reconocer su aporte”.

Durante los ensayos, el director trabaja con improvisaciones breves. Los actores reciben una situación, un objetivo y ciertos datos del pasado del personaje, pero no siempre conocen la respuesta de los demás. Así surgen pausas, cambios de tema y reacciones que difícilmente aparecerían en un diálogo cerrado.

La preparación incluye conversaciones sobre migración, racismo, clase y familia, aunque esos asuntos no siempre ingresan de forma literal en el guion. Rojas considera que la investigación debe transformar la actuación sin convertir la película en una clase. El resultado busca una naturalidad contenida, donde cada gesto sugiera una historia previa.

La Estética De La Memoria Cotidiana

Visualmente, el director prefiere una cámara cercana, con movimientos discretos y una iluminación que respete los espacios reales. No busca embellecer la precariedad ni convertir los barrios de migrantes en escenarios exóticos. La dirección de arte se apoya en objetos usados: maletas reparadas, fotografías digitalizadas, recipientes de cocina y prendas heredadas.

El vestuario tiene una función narrativa especial. Una chaqueta comprada en una feria, un uniforme laboral o una camisa enviada desde otro país pueden contar una relación familiar con mayor precisión que una explicación. En ese sentido, su mirada dialoga con investigaciones sobre cómo el diseño actual transforma símbolos de tradición, como muestra este análisis sobre bordados tradicionales.

La música también evita subrayar las emociones. Rojas trabaja con compositores independientes y sonidos encontrados en los lugares de filmación: trenes, ascensores, vendedores ambulantes, radios domésticas. En ocasiones, una canción popular aparece incompleta, interrumpida por una llamada o por el ruido de la calle. La memoria, plantea, pocas veces se presenta de manera limpia.

Un Cine Que Pertenece A Muchos Lugares

Aunque sus películas nacen en Chile, Rojas no quiere que sean leídas como obras exclusivamente nacionales. Su interés está en las conexiones entre comunidades latinoamericanas, en los códigos compartidos y en las diferencias que aparecen incluso dentro de una misma familia. Por eso considera esencial una plataforma cultural que dé espacio a voces emergentes y a relatos de la diáspora, como La Nueva Voz Latina.

Su próximo proyecto será una coproducción entre Chile, México y Canadá. La historia seguirá a tres hermanas que administran una pequeña empresa de mudanzas y descubren, entre cajas ajenas, documentos que podrían alterar la historia de su madre. El argumento vuelve a combinar humor, secreto familiar y movilidad, pero el director promete una película menos centrada en la partida que en las formas de permanecer conectados.

“Creo que el cine puede acompañar una conversación que todavía no sabemos tener”, reflexiona. “No tiene que resolver la identidad de nadie. Puede mostrar que una persona pertenece a varios lugares, o que a veces no pertenece por completo a ninguno. Esa incertidumbre también es una forma de verdad”.

La trayectoria de Matías Rojas revela una transformación en la manera de contar la migración latinoamericana. Sus personajes no piden permiso para existir ni necesitan ser explicados por una voz externa. Caminan, trabajan, se equivocan, regresan y vuelven a irse. Lo que el espectador debe recordar es que migrar no borra una identidad: la vuelve múltiple, contradictoria y profundamente humana.